La estrategia de lo gratis
En un momento en que la prensa escrita tradicional ve temblar sus cimientos históricos y su futuro más próximo por las nuevas tecnologías digitales, la pasividad del público receptor, unida a la escasa formación del mismo, cualidad necesaria del público de la prensa escrita, y la falta de confianza del mismo hacia cabeceras consolidadas por el descarado juego mediático al que someten la información, ha causado que las publicaciones gratuitas se sitúen en el ranking de aceptación por encima de los diarios ya consolidados, según el Estudio Nacional de Medios. Este artículo no pretende analizar las causas del deterioro de la imagen de la prensa, sino ahondar, con una conciencia crítica en este fenómeno, que ya nos acompaña desde hace algunos años, y que ha sufrido un crecimiento exponencial, que es la prensa gratuita. Nadie hace ascos a un regalo, ahí esta ese refrán castellano de : “ A caballo regalado…” tan propio de nuestra tierra, donde la picaresca y el “a ver quién es más listo” triunfan frente a los valores de profesionalidad y seriedad. Y con esto no quiero decir que la prensa gratuita no atienda a estos valores, pero sí hay una cuestión que no se puede menospreciar. La prensa pierde confianza del público por las estructuras de poder a las que se ve sometida y que interfieren en la utopía del derecho a la libre información y a esa palabra que casi deberíamos borrar de nuestro diccionario como futuros periodistas que es la objetividad. Frente a una publicación consolidada, como puede ser El País o el Abc, ya supone un esfuerzo del receptor ahondar en estas estrategias a cara semidescubiertas de con que intencionalidad me dicen lo qué me dicen, por qué quieren que yo crea lo qué dicen, es esa la verdad o es su verdad? Estos interrogantes se vuelven aún más difusos en el campo de la prensa gratuita. ¿Qué hay detrás de diarios como 20 minutos, Qué o Metro? ¿A qué corporación le interesa mantenernos informados de forma altruista? Es obvio que esa intención no existe. El qué cuenten un hecho y no otro, y de la forma en qué lo hacen evidentemente esta dirigiendo la opinión hacia el sentido que a “algunos” le interesa. Trabajadores que recogen un periódico por la mañana en la parada del autobús de las manos de un joven y hojean sus páginas sin demasiada atención son las principales víctimas de esta estrategia. No interesa formar una conciencia crítica en la opinión pública. Desviar la atención hacia asuntos banales es la principal intención de estos medios. En España, la prensa gratuita ocupa ya el 40% de la cuota de mercado y 20 minutos es considerado el segundo periódico de información general y tirada nacional después de El País, en alusión, de nuevo al Estudio General de Medios. Por ejemplo, el diario Metro, de origen escandinavo, está considerado el periódico gratuito más importante del mundo y está presente en 17 países con 46 ediciones. Sus secretos son, desde costes de producción bajos, ya que apenas cuentan con periodistas en plantilla, y distribución a partir de repartidores, forma mucho más económica que la tradicional. Sus ingresos se definen exclusivamente por la publicidad. Una fórmula global que dificulta aún más al lector solventar la falta de transparencia.
Otro modelo de prensa gratuita es el del diario Qué, perteneciente al Grupo de Comunicación Recoletos, en el que sus propios lectores intervienen en la creación del mismo con la aportación de contenidos. Aunque desde la blogosfera se critica la censura y parcialidad del diario. Diferentes formas para una misma estrategia, la de lo gratis. Pero, información gratis, ¿a cambio de qué? ¿De desinformación? El binomio no cuadra. Volviendo al refranero castellano, nadie regala duros a real.
Laura Romero Romero