martes, 15 de diciembre de 2009
Formas de leer un periódico hay muchas. Desde el que lo empieza por la última página y lo lee en dirección contraria, hasta el que sólo lee los horóscopos y los deportes. No cabe duda de que se trata cada vez más de una acción inusual. El hábito de salir a comprar un periódico y hojearlo tranquilamente mientras se toma un café es una costumbre que se está perdiendo a pasos de gigante. Algunos pocos individuos en peligro de extinción reservan esta práctica para la mañana del domingo, día en en que el ejemplar de turno pesa dos kilos más de lo habitual y trae regalos y suplementos para toda la familia. La prensa gratuita ha colaborado, en parte, a esta reducción de las ventas, aunque no es la única culpable. En España, el diario ABC marcó una experiencia pionera con la inserción de su formato tamaño folio unido con grapas, del que posee la patente de explotación. Claro que ABC también deja muy claro el tipo de público al que se drige. Si nos damos una vuelta por la Gran Europa nos percatamos de que la situación es un poco diferente a la que predomina en nuestro país. Las cabeceras se siguen vendiendo. El leer el periódico no ha perdido tantos adeptos. En los países anglosajones y germanos el formato tabloide es el rey en los quioscos. Por ejemplo, junto al diario Tagespiel, en Alemania, se puede adquirir un curioso instrumento formado por una varilla de madera de la misma longitud que las hojas del periódico, con una ranura en su lateral para poder insertar la parte izquierda del mismo. Gracias a este instrumente, las hojas del diario gozan de cierta rígidez que permiten al lector una visión panorámica y dual de las mismas. ¿Se imagina a un usuario de Tussam leyendo un periódico de ese tamaño? Seguro que parecería que quiere esconderse de algo, además de verse increpado por alguno de los demás viajeros. Y es que para leer un periódico, uno de los valores más esenciales es el respeto. El respeto a los otros, a las opiniones y el respeto al tiempo. En los tiempos que corren, en los que el tiempo es nuestro bien más preciado y más escaso, nos crean la falsa sensación ilusoria de que no somos dueños de él. La rápidez irreal en la que vivimos nos empuja con prisas de un lado a otro del sistema establecido para nosotros, trabajo, hogar y cada vez menos tiempo de ocio, evitando que nos paremos a pensar. El bombardeo mediático al que nuestros sentidos se ven sometidos crea la ilusión de sentirnos "ya" informados, de forma pasiva, como sujetos expuestos a una enorme cantidad de mensajes multidireccionales. Y es que el estar informado necesita de una actitud activa y crítica del que sostiene esa intención. El acto de leer un periódico hoy día se encuentra cargado de connotaciones escondidas, desde mi punto de vista, supone un acto a título individual casi heroico y cargado de poesía. Es una prueba de que alguien quiere saber, de que se detiene en esta locura vertiginosa y se cuestina. Es el germen de una conciencia crítica. En definitiva, el leer el periódico se ha convertido en arte. Y siempre se ha dicho que el arte es vida.


Laura Romero Romero

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